EL CARBÓN MINERAL

La carbonificación

La carbonificación es el proceso geológico de formación de materiales con contenido creciente en carbono (turbas y carbones minerales) a partir de materiales orgánicos que se encuentran en la corteza terrestre por transformación gradual a temperaturas moderadas (alrededor de 250 ºC) y a alta presión. La carbonificación es un proceso de deshidrogenación incompleta, con una cinética muchísimo más lenta que la de la carbonización (eliminación de los volátiles de la materia orgánica por calentamiento en ausencia de aire). La carbonificación no es una fosilización ya que en el caso de la fosilización la materia orgánica se sustituye gradualmente por materia mineral mientras que en el caso de la carbonización el carbón mineral resultante sigue siendo un compuesto orgánico. 

En la carbonificación existen dos grandes etapas: la diagénesis, en la que tiene lugar descomposición de la materia orgánica por las bacterias hasta formar la turba y el metamorfismo en el que se continúa la carbonificación por la acción del calor y la presión. Durante la diagénesis ocurren procesos de descomposición de la materia orgánica debido al ataque de las bacterias aeróbicas, lo que sucede cuando los restos vegetales están cubiertos parcialmente por agua, o a poca profundidad, donde aún hay oxígeno para que puedan existir estas bacterias. Durante esta etapa se produce una reducción de volumen de hasta un 50%. Una vez que las bacterias consumen todo el oxígeno esta etapa finaliza y comienza la descomposición de la materia orgánica restante por las bacterias anaeróbicas. En esta etapa continúa la descomposición de la materia orgánica produciéndose ácidos húmicos, los cuales van acidificando el medio hasta llegar a un pH 4, en el cual mueren las bacterias anaeróbicas. De esta forma se forma la turba sobre la cual se van depositando más restos vegetales que a su vez forman más turba, lo que hace que la temperatura de las capas inferiores vaya aumentando comenzando las transformaciones por metamorfismo cuando la temperatura alcanza los 100 ºC. Con el transcurso de miles de años, más acumulaciones de turba y sedimentos van enterrando cada vez más el carbón mineral que se está formando. Debido al aumento de la temperatura y la presión, el carbón mineral va evolucionando desde el lignito hasta la antracita, liberándose gases, sustancias volátiles y aceites, y enriqueciéndose cada vez más en carbono.

Formación del carbón mineral

La gran mayoría de los depósitos de carbón mineral se formaron durante el período geológico del Carbonífero. Otros depósitos importantes se formaron durante el Pérmico. Existen también depósitos, menos abundantes pero significantes, formados durante el Triásico y el Jurásico y en menor cantidad en el Cretácico.

 

La formación del carbón y el diluvio universal

El origen y formación del carbón mineral ha dado lugar a un controvertido debate, que aun permanece, entre los evolucionistas (que explican la formación del carbón a partir de una acumulación orgánica natural como turberas, marismas, pantanos etc., que fueron paulatinamente cubiertos por estratos de sedimentos, sufriendo posteriormente un proceso de carbonificación durante millones de años) y los creacionistas (los cuales sugieren que la mayoría del carbón se desarrolló a partir de materia vegetal transportada de otras partes, y que provenía de materias vegetales arrastrados durante una catástrofe de gran envergadura a nivel mundial, como fue el diluvio universal de Noé).

Algunos de los argumentos a favor y en contra de la teoría de la acumulación gradual (teoría evolucionista) y la sepultura catastrófica (teoría creacionista) se resumen a continuación.

Creacionista. Presencia de restos de árboles que no crecen en ambientes pantanosos.

Evolucionista. Reconoce la formación, pero solo en algunos yacimientos, de ciertos depósitos de sedimentos transportados de otros lugares, junto con la formación por acumulación gradual.

Creacionista. Presencia de fósiles de animales marinos muy bien conservados que no han experimentado el mismo grado de descomposición que el carbón.

Evolucionista. Presencia de fósiles de distintas épocas desde el carbonífero hasta el cretácico incluyendo alguna huella de dinosaurio. Ausencia de fósiles o restos de ningún animal que fuese contemporáneo de Noé.

Huellas de distintos dinosaurios encontradas en una mina de carbón den Utah

Creacionista. Existencia de yacimientos con capas de muchos metros de espesor (algunos de hasta 100 ó más metros ) que requerirían de grandes acumulaciones de materia vegetal traída de otra parte. Según los creacionistas serían necesarios unos 12 metros de restos de vegetación acumulada para producir una capa de carbón de 1 metro de espesor. Por otro lado, asume que en condiciones adecuadas de presión y temperatura los restos vegetales no necesitan de mucho tiempo para evolucionar a carbón. Otro argumento esgrimido por los creacionistas a favor de la rápida acumulación y carbonificación es que, si el cálculo se hace en términos energéticos, se estima que 128 años de energía solar acumulada en las plantas por fotosíntesis serían equivalentes a la energía acumulada en los yacimientos de carbón conocidos.

Evolucionista. Sostienen que la proporción necesaria de restos vegetales acumulados frente a al espesor de una capa de carbón es menor de 2:1 y muy cercana a 1:1. Por otro lado, en muchos carbones bituminosos se observa un bajo contenido en cenizas, lo que los hace incompatibles con un origen por arrastre de depósitos masivos de materia orgánica necesariamente mezclados con materia inorgánica.

 

Rango de los carbones minerales

Existen diferentes tipos de carbones minerales en función del grado de carbonificación que haya experimentado la materia vegetal que originó el carbón. Estos van desde la turba, que es el menos evolucionado y en que la materia vegetal muestra poca alteración, hasta la antracita, que es el carbón mineral con una mayor evolución. Esta evolución depende de la edad del carbón, así como de la profundidad y condiciones de presión, temperatura, entorno, etc. en las cuales la materia vegetal evolucionó hasta formar el carbón mineral. El rango de un carbón mineral se determina en función de criterios tales como su contenido en materia volátil, contenido en carbono fijo, humedad, poder calorífico etc. Así, a mayor rango, mayor es el contenido en carbono fijo y mayor el poder calorífico, mientras que disminuyen su humedad natural y la cantidad de materia volátil. Existen varias clasificaciones de los carbones según su rango. Una de las más utilizadas divide a los carbones de mayor a menor rango en: antracita, bituminoso bajo en volátiles, bituminoso medio en volátiles, bituminoso alto en volátiles, sub-bituminoso, lignito y turba. La hulla es un carbón mineral de tipo bituminoso medio y alto en volátiles. En cuanto a los parámetros de rango estos también pueden variar de una clasificación a otra, aunque unos valores promedio podrían ser los que figuran en la siguiente Tabla.

RANGO

 C fijo

 

(%) 

 Humedad

 

( %)

 Materia Volátil

( %)

 Poder calorífico

 (MJ/kg)

Antracita

 

86 - 98

< 3

< 5

23 -33

Bituminoso  

(Hulla)

(bajo, medio y alto en volátiles)

45 - 86

5 - 10

10 - 30

24-35

Sub-bituminoso

35 - 45

15 - 30

30 - 40

20-21

Lignito

 25 - 42

40 - 60

40 - 50

10-20

Turba

< 25

 

 

 

 

Antracita. Las antracitas datan de los periodos Carbonífero y Pérmico de la era primaria, hace unos 250 millones de años. Es el carbón mineral de más alto rango y el que presenta mayor contenido en carbono. Sin embargo, su poder calorífico es, en general, inferior al de los carbones bituminosos debido a su bajo contenido en materia volátil. La antracita presenta una ignición difícil, pero arde dando una llama azul corta y sin apenas humos. La antracita presenta una mayor dureza, densidad y brillo que el carbón bituminoso.

Carbón Bituminoso.  Existen carbones bituminosos que datan de los periodos Jurásico, Triásico, Pérmico y Carbonífero. Es un carbón mineral denso de color negro o marrón oscuro, se utiliza para su combustión en centrales térmicas y para la producción de coque metalúrgico. La hulla pertenece a este tipo de carbón bituminoso, con contenidos alto y medio en volátiles. 

Carbón Sub-Bituminoso. Estos carbones presentan propiedades intermedias entre las del lignito y los carbones bituminosos. Normalmente se utilizan en centrales térmicas para la producción de energía. 

Lignito. Es de rango inferior al de los carbones sub-bituminosos, y por lo general, presenta un color marrón oscuro por lo que se les denomina a veces lignitos pardos. Se usan principalmente en la producción de energía en centrales térmicas. Una variedad de Lignito muy particular es el azabache, que es muy apreciado en joyería y considerado como una piedra semipreciosa.  

Turba. La turba es un material orgánico compacto, de color pardo oscuro y  rico en carbono. La formación de turba constituye la primera etapa del proceso por el que la vegetación se transforma en carbón mineral. Se forma como resultado de la putrefacción y carbonización parciales de la vegetación en el agua ácida de las turberas. La formación de una turbera es relativamente lenta como consecuencia de una escasa actividad microbiana, debida a la acidez del agua o la baja concentración de oxígeno. El paso de los años va produciendo una acumulación de turba que puede alcanzar varios metros de espesor, a un ritmo de crecimiento que se calcula de entre medio y diez centímetros cada cien años.  En estado fresco alcanza hasta un 98% de humedad, pero una vez desecada puede usarse como combustible. La turba también se usa en jardinería para mejorar suelos por su capacidad de retención de agua.

Mina de carbón a cielo abierto en Fabero del Bierzo (España)

 

Principales usos de los carbones minerales

Algunos historiadores creen que el carbón comenzó a utilizarse comercialmente en China. Hay indicios de una mina situada en el noroeste de China que suministraba carbón para fundiciones de cobre y para la fabricación de monedas hacia el año 1000 AC. Una de las primeras referencias al carbón fue realizada por el filósofo griego Aristóteles, que hacía referencia a una roca similar al carbón vegetal. Se han encontrado restos de carbón entre las ruinas romanas en Inglaterra, lo que indica que los romanos utilizaban la energía del carbón desde antes del 400 DC. En las crónicas de la Edad Media se habla de la extracción de carbón en Europa, e incluso del comercio internacional desde las costas inglesas hacia Bélgica. Fue durante la revolución industrial en los siglos XVIII y XIX cuando aumentó la demanda de carbón. Las mejoras en el motor de vapor de James Watt, patentado en 1769, fueron las responsables principales del crecimiento del uso del carbón. La historia de la extracción y el uso del carbón está totalmente vinculada a la de la revolución industrial: la producción de acero, el ferrocarril y los barcos a vapor. El carbón también se utilizó para producir gas para iluminar muchas ciudades, lo que se denominó el “gas ciudad”. Este proceso de gasificación vio el crecimiento del uso de la luz de gas en zonas metropolitanas a comienzos del siglo XIX, especialmente en Londres. El uso del gas de carbón en la iluminación de las calles acabó siendo sustituido tras la irrupción de la era industrial. Con el desarrollo de la energía eléctrica en el siglo XIX, el futuro del carbón fue acercándose a la generación de electricidad. La primera central eléctrica de combustión de carbón mineral, desarrollada por Thomas Edison, entró en funcionamiento en Nueva York en 1882, proporcionando electricidad a las luces domésticas.

La gran mayoría de los carbones minerales se destinan a la producción de energía eléctrica en centrales térmicas. También se utiliza como combustible para la producción de energía térmica en hornos, calefacciones, etc. Sin embargo este uso ha venido perdiendo importancia debido a la utilización de otro tipo de combustibles, como los derivados del petróleo o los derivados de la biomasa. Otro de los usos mayoritarios de los carbones, especialmente de la hulla y carbones bituminosos (carbones coquizables), es la producción de coque metalúrgico, usado para la obtención de arrabio en el alto horno y en otras industrias metalúrgicas. Durante el proceso de coquización también se obtiene, además del coque, la brea de alquitrán de hulla. Una gran parte de las breas son utilizadas, junto con el coque de petróleo, en la producción de electrodos para la industria del aluminio y electrodos para hornos de arco eléctrico. Las breas de alquitrán de hulla también pueden ser usadas como precursores del grafito sintético, fibras de carbono y materiales compuestos C/C. Algunos productos químicos pueden producirse a partir de subproductos obtenidos durante la coquización como la creosota, la naftalina, el fenol y el benceno. El gas de amoníaco recuperado de los hornos de coque se utiliza para fabricar sales de amoníaco, ácido nítrico y fertilizantes agrícolas. La gasificación de algunos carbones minerales da lugar a la producción de distintos tipos de gases que pueden utilizarse como combustible o en la fabricación de diversos compuestos químicos. En ciertos países el carbón se convierte en combustibles líquidos, a este proceso se le denomina licuefacción. El combustible líquido puede refinarse para producir combustible de transporte y otros productos similares a los derivados del petróleo, como plásticos y disolventes. Existen dos métodos principales de licuefacción: la licuefacción directa de carbón, en la que el carbón se convierte en combustible líquido en un único proceso y la licuefacción indirecta de carbón, en la que el carbón primero se gasifica y después se convierte en líquido. Por otro lado, los carbones no coquizables (o los coquizables cuando se les eliminan sus propiedades plásticas mediante un proceso de oxidación) pueden someterse a procesos de carbonización/activación, obteniéndose carbón activo. Aunque no de forma mayoritaria, el carbón mineral también puede usarse en muchas otras aplicaciones, como por ejemplo la fabricación de  espumas de carbono.

 

Libro electrónico

 EL CARBÓN COMO RECURSO: UNA VISIÓN GENERAL DEL CARBÓN

(Una publicación en Español del Word Coal Institue, PDF 4.5 Mb)

 

 


¿Por qué los Reyes Magos dejan carbón a los niños que se portan mal?

La tradición dice que los Reyes Magos dejaban carbón, en vez de juguetes, a los niños que se han portado mal durante el año. Así es como los Reyes Magos se burlaban de los niños malos, dejándoles algo que ya podía encontrar en la chimenea de su casa. Con el paso de los años el carbón se sustituyó por carbón de azúcar, una golosina que presenta el aspecto del carbón natural. Incluso es costumbre regalar carbón dulce a los niños que se han portado bien, como recordatorio o advertencia de lo que puede pasar si durante el año siguiente no se comportan como deben.

Carbón dulce hecho de azúcar

El origen de esta tradición parece estar en el Carbonilla, un personaje de la mitología de Navidad. Éste, supuestamente, sería uno de los pajes de los Reyes Magos, encargado de vigilar a los niños durante todo el año para saber si han sido buenos o malos. Carbonilla sería el encargado de decir a los Reyes Magos, y con el paso de los años también a Santa Claus, qué niños merecían juguetes y cuáles no. Por eso, cada vez que un niño se portaba mal, los padres le advertían que en lugar de los Reyes o Santa Claus, le visitaría Carbonilla y que le traería carbón en lugar de sus juguetes.

En Italia, existe la leyenda de la bruja Befana. La tradición la sitúa barriendo su casa con su escoba cuando pasaron los Reyes Magos hacia Belén y la invitaron a ir con ellos. Ella no los acompañó y, como muestra de arrepentimiento, la bruja está en continua búsqueda del niño Jesús. En las casas italianas cuelgan un calcetín en la chimenea y la Befana lo llenará de regalos si los niños se han portado bien, o de carbón, si su comportamiento no ha sido el adecuado.

En la zona de Lesaka, en Navarra, existía la tradición del Olentzero, un carbonero que vivía en el monte y al que no le gustaban nada los niños. En el siglo XX la figura de Olentzero incorporó elementos de las tradiciones de Papá, Noel-Santa Claus y de los Reyes Magos, convirtiéndose en un personaje que el día de Navidad trae regalos a los niños de muchas familias de Navarra y el País Vasco.

Otra explicación de esta tradición es que un primer momento los obsequios de los Reyes Magos se limitaban a necesidades de la vida cotidiana, las cuales incluían el carbón. Así, Melchor se encargaba de regalar ropa o zapatos; Gaspar repartía golosinas, requesón, miel o frutos secos y Baltasar cumplía la función de el malo del grupo, castigando a los niños que se habían portado mal, dejándoles carbón o leña.

 

¿Es cierto que una central térmica de carbón da lugar a más emisiones radioactivas que una central nuclear?

Se ha dicho que, por unidad de energía producida, una central térmica de carbón emite, principalmente en las cenizas volantes, una cantidad de radioactividad 100 veces superior a la que emite una central nuclear de fisión. ¿Es esto cierto?

En general, podría decirse que en el carbón mineral existe una cantidad importante de material radiactivo natural. Una central térmica típica de 1.000 MW consume diariamente unas 10.000 toneladas de carbón mineral, que contiene uranio-238 (U-238), torio-232 (Th-232) y los isótopos radiactivos producto de la descomposición de estos elementos. Hay además otros isótopos radioactivos como el potasio-40 (K-40). En total, una central térmica de 1.000 MW vendría a producir unos 40 kilos diarios de material radiactivo, de actividad variable, de los cuales un 1% se encuentra en las cenizas volantes, quedando en resto en las escorias. No obstante, las centrales térmicas modernas poseen, o deberían poseer, sistemas para capturar la mayor parte de las cenizas volantes. Estas cenizas, al igual que las escorias, deberían gestionarse teniendo en cuenta esta particularidad. Por ejemplo, evitando su apilamiento cerca de corrientes de agua. Por otro lado, las centrales nucleares prácticamente no presentan emisiones radioactivas, dado que, por ley, todos los residuos radioactivos deben ser convenientemente manejados y almacenados. Así pues, suponiendo que las centrales estén bien gestionadas, las emisiones de radioactividad deberían ser prácticamente inexistentes en ambos casos. Sin embargo, si el control y la gestión de las cenizas producidas en una central térmica no fuese el adecuado, cosa relativamente frecuente hace algunos años y que en la actualidad podría suceder en algunos países en vías de desarrollo, sí que podría darse el caso de que la radiactividad emitida por una central térmica de carbón fuese muy superior a la emitida por una central nuclear. Siempre y cuando esta última cumpla estrictamente la legislación. Esto, salvo caso de accidente, resulta más que probable, dado que los controles de emisiones radiactivas son mucho más estrictos y rigurosos que aquellos a los que están sujetos las centrales térmicas. De hecho, la afirmación inicial podría plantearse diciendo que una central nuclear, bien gestionada, da lugar a menos emisiones radioactivas que una central térmica de carbón. En cualquier caso, si bien las emisiones radiactivas potenciales no son en absoluto despreciables, tampoco puede decirse que sean extremadamente elevadas, produciendo una perturbación de la radiactividad natural medioambiental apenas perceptible y siendo el riesgo asociado a estas emisiones, no mayor que el asociado a la radioactividad natural. Sin embargo, y dada la gran cantidad de carbón que se quema en una central térmica, el problema podría radicar en la acumulación de especies radioactivas a lo largo de varios años de emisiones.

 

La tragedia del Maine, la guerra de Cuba y la combustión espontánea del carbón

 En la noche del 15 de febrero de 1898 el acorazado norteamericano USS Maine, fondeado en La Habana, fue víctima de una violenta explosión.  El navío se hundió en la rada, muriendo 266 hombres. La prensa norteamericana, bajo la consigna "remember the Maine. To hell with Spain", instigó a la opinión pública norteamericana, acusando a los españoles de haber colocado una mina bajo el casco de la nave. Así, el acto sirvió de pretexto a la entrada a la guerra de Estados Unidos contra España, y a la renuncia a la soberanía sobre las últimas colonias españolas: Cuba, Puerto Rico,  Filipinas y la isla de Guam. A fin de determinar las causas de la explosión, se crearon dos comisiones de investigación, una española y otra norteamericana. Curiosamente no se consultaron expertos externos e independientes, omitiéndose también ciertas opiniones de oficiales estadounidenses como el Ingeniero Jefe de la Armada, Melville, para quien era probable que la causa de la explosión fuera el estallido fortuito de los pañoles de munición; o la del experto en municiones de la armada, Philip Alger, que sostenía que la causa probable era un incendio en los pañoles de carbón cuya combustión habría provocado la deflagración de la munición. De hecho, la combustión espontánea de las carboneras y los incendios por esta causa, eran por aquel entonces uno de los principales problemas de la armada de los Estados Unidos, que en los últimos años había sufrido cerca de 20 grandes y pequeños incendios en sus buques. Por su parte, la comisión española concluía que la explosión se debió a causas internas. No podía ser una mina, ya que no se vio ninguna columna de agua. Tampoco había peces muertos en el puerto, lo que es normal en las explosiones externas. En 1911, otra comisión americana examinó los restos reflotados del Maine para llegar a la misma conclusión que la anterior. En 1975, una investigación llevada a cabo por el Almirante Hyman Rickover examinó los restos recuperados en 1911 y concluyó que no había evidencias de una explosión externa y que la causa más probable del hundimiento fue la combustión interna y accidental de una carbonera, lo que a su vez produjo el recalentamiento y la explosión de los depósitos de municiones contiguos.

sello conmemorativo del centenario de  la tragedia del Maine

 Cuando el carbón se almacena en pilas, y en determinadas circunstancias, puede llegar a producirse el fenómeno de la combustión espontánea. La oxidación del carbón es un fenómeno que se produce de forma natural cuando éste se expone a la atmósfera. Así, el carbono reacciona con el oxígeno del aire: C + O2 --> CO2, esta es una reacción exotérmica que poco a poco va aumentando la temperatura de la pila de carbón pudiendo llegar a alcanzarse una temperatura crítica, en la que la oxidación es lo suficientemente rápida para que se produzca el autoencendido del carbón. Los tamaños de partícula pequeños y los ambientes calurosos favorecen la combustión espontánea de las pilas de carbón.

 Por otro lado, cuando en ambientes cerrados se da una acumulación de polvos combustibles, sólidos finamente divididos en partículas como la harina, el aserrín o el polvo del carbón, puede producirse un incendio a una explosión. Para que tenga lugar una explosión de polvo se requiere una serie de condiciones satisfechas simultáneamente: (i) un polvo combustible, (ii) un tamaño de partículas que permita la propagación de la llama (< 0,5 mm), (iii) una atmósfera con oxígeno suficiente para mantener la combustión, (iv) una nube de polvo con una concentración dentro del rango de explosividad, (v) una fuente de ignición con energía suficiente para la ignición (por ejemplo una chispa). Una vez que se produce la explosión inicial, la presión del estallido puede levantar polvo acumulado en otras superficies lo que frecuentemente causa explosiones secundarias. El polvo de carbón da una explosión más violenta cuanto mayor es el contenido de volátiles. A partículas más finas corresponde mayor área superficial y mayor explosividad. El límite inferior de explosividad es la concentración mínima de polvo para que se produzca una explosión y sus valores varían de 10 a 500 g/m3.

 

El efecto catalítico de las cenizas de los carbones

El carbón mineral, carbón vegetal y otros materiales de carbón derivados de éstos, poseen cierta cantidad de materia inorgánica en proporciones casi siempre menores al 10 %. Esta materia orgánica suele estar compuesta por silicatos, aluminatos y diversas sales de potasio, calcio, sodio, etc., en menor proporción también podemos encontrar algunos metales pesados. En el caso del carbón mineral la materia inorgánica está asociada a la composición de las rocas en las que se encuentran la veta. La materia vegetal precursora de otros carbones también posee sustancias inorgánicas que los vegetales absorben del suelo. Dado que la forma de determinar el contenido en materia inorgánica de un carbón suele ser obteniendo las cenizas resultantes de la calcinación a elevada temperatura del mismo, se suele hacer referencia a esta materia mineral como cenizas. La materia mineral, a pesar de encontrarse en bajas proporciones en los carbones, puede tener efectos catalíticos diversos, que en ocasiones pueden ser determinantes del comportamiento de un carbón en alguna aplicación determinada, de forma particular en aquellas en las que el carbón o material carbonoso intervenga en una reacción química. El experimento que se muestra en el siguiente vídeo ilustra la importancia que puede llegar a tener este efecto catalítico de las cenizas. Cuando calentamos azúcar en presencia de aire esta se funde y no arde, ya que su temperatura de fusión está por debajo de la de ignición. Sin embargo, cuando impregnamos el azúcar en ceniza, algunos elementos contenidos en ésta última actúan como catalizadores, disminuyendo la energía de activación necesaria para que tenga lugar la combustión del azúcar con el oxígeno del aire y rebajando su temperatura de ignición por debajo de la de fusión. En estas condiciones el comportamiento es muy diferente y el azúcar arde en vez de fundir.  

 

Idea tomada de un experimento visto en el "rincón de la ciencia"

 

El micrófono de carbón

El micrófono de carbón, también denominado micrófono de botón del carbón o transmisor de carbón. Consiste en un compartimento que contiene dos placas de metal separadas por gránulos de carbón (normalmente antracita, o a veces grafito). La placa externa actúa como tapa y diafragma, de forma que cuando las ondas acústicas inciden en esta fina lámina metálica, ésta empuja a las partículas de carbón, provocando una variación en la presión de los gránulos, lo que a su vez produce un cambio de la resistencia eléctrica entre las placas. Una presión más alta compacta los gránulos, disminuyendo la resistencia eléctrica y viceversa. Al hacer pasar corriente eléctrica entre estas dos placas, esta sufre una variación en su intensidad debido al cambio de la resistencia entre las placas. Estas diferencias en intensidad de corriente se pueden transmitir mediante un sistema de teléfono, o bien utilizarse en otros sistemas electrónicos que transforman el sonido en una señal eléctrica.

Despiece de un micrófono de carbón y detalle del compartimento que contiene los granos de carbón

El micrófono de carbón (llamado entonces transmisor) fue patentado por Thomas Alva Edison en marzo de 1878. No obstante, Emile Berliner también solicitó dos patentes relacionadas con esta invención en junio de 1877 y agosto de 1879. Ambos se embarcaron en una larga batalla legal sobre los derechos de patente en la que finalmente Edison obtuvo todos los derechos de la invención del micrófono de carbón.

Este tipo de micrófonos han sido muy utilizados en telefonía y porteros automáticos, porque su respuesta en frecuencia, entre 200 y 3.000 Hz, es ideal para captar la voz humana. Sin embargo, su uso en otras aplicaciones como la radiodifusión ha sido más bien escaso, ya que generan bastante ruido y su respuesta en frecuencia es irregular. Por el contrario, sus principales ventajas son su gran sensibilidad, baja impedancia y bajo precio. Aunque aun siguen siendo utilizados, su fabricación prácticamente ha desaparecido debido a que desde los años 1980s los micrófonos de carbón han venido siendo reemplazados casi por completo por otros tipos de micrófonos más modernos.

(Otro invento de Edison relacionado con el carbón).

 




 

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