¿Carbón o carbono?

En estas páginas he usado indistintamente las palabras carbón y carbono en términos como "fibra de carbón" o "fibra de carbono", "materiales de carbón" o "materiales de carbono", etc.  ¿Qué forma es la correcta?. Pues en mi opinión creo que las dos formas deberían ser aceptadas indistintamente. Lo cierto es que si uno acude al diccionario de la R.A.E. más que aclarar las cosas lo que hace es complicarlas, dado que las definiciones que ofrece son obsoletas, cuando no incorrectas (como el caso de la definición de carbono, en la que se dice que una forma alotrópica de éste es el carbón; lo que es falso). Por otro lado, y desde un punto de vista estricto, lo correcto sería usar la palabra carbón. Es decir, materiales de carbón, fibra de carbón, etc. Esta afirmación se basa en las recomendaciones hechas por el Profesor Rodríguez Reinoso en la revista Carbon, 27(1989) 305-312, y que son además las que hace la I.U.P.A.C. para esta nomenclatura en Español. Ahora bien, lo cierto es que el uso de la palabra carbono en los términos mencionados anteriormente, y en otros similares, parece estar imponiéndose de forma mayoritaria en casi todos los medios, e incluso entre muchos profesionales que trabajan con este tipo de materiales. Así pues, y a pesar de que tal y como se ha indicado éste no sería el término más correcto, creo que resultaría muy difícil corregir el uso ya mayoritario de la palabra carbono en estos términos, por lo que se hará necesario admitir ambas formas como correctas.  Para más información sobre este tema se puede descargar el nº 1 del Boletín del Grupo Español del Carbón en el que se discute acerca del uso de estos términos.

 


Los materiales de carbón en la Biblia  

La referencia bibliográfica más antigua sobre materiales carbonosos se encuentra en la Biblia. Concretamente en Génesis 6:14, donde se relata la construcción del arca de Noe. En ella Jehová dice a Noe: Haz compartimentos al arca, y cúbrela con brea por dentro y por fuera”.  El calafateo, que es como se denomina a esta operación, sirve para impermeabilizar las embarcaciones hechas de madera y ha llegado hasta nuestros días con pocas variaciones. Otro ejemplo de calafateo lo encontramos también en Éxodo 2:3 cuando se describe como Moisés es arrojado al Nilo en una cesta que también se impermeabiliza con brea: No pudiendo ocultarlo más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la recubrió con asfalto y brea”. La brea no solamente era utilizada para estos menesteres; su uso como material de construcción está también descrito en la Biblia. Así, en Génesis 11:3 y haciendo referencia a la construcción de la Torre de Babel, se menciona: Entonces se dijeron unos a otros: Venid, hagamos adobes y quemémoslos con fuego. Así empezaron a usar ladrillo en lugar de piedra, y brea en lugar de mortero”, en lo que parece la fabricación de un primitivo “composite”. Vemos pues la importancia de la brea en la antigüedad, la cual debía ser muy abundante en ciertos sitios como por ejemplo Sodoma y Gomorra: El valle de Sidim estaba lleno de pozos de brea. Y al huir los reyes de Sodoma y de Gomorra, cayeron en ellos” (Génesis 14:10). La brea no es el único material carbonoso que se cita en la Biblia. Así, el negro de carbón en su versión más arcaica, es decir el hollín, es utilizado por Moisés, a instancias del mismo Jehová, como “arma química”: “Tomad puñados de hollín de un horno, y que Moisés lo esparza hacia el cielo, en presencia del faraón. Este se convertirá en polvo sobre toda la tierra de Egipto, y ocasionará sarpullido que producirá úlceras, tanto en los hombres como en los animales, en toda la tierra de Egipto.” (Éxodo 9:8 y 9). Muy inquietantes resultan también algunas de las referencias que en la Biblia se hacen al carbón, como por ejemplo: “Humo subió de su nariz; de su boca salió fuego consumidor, y carbones encendidos saltaban de él” (Salmos 18:8), refiriéndose a Jehová. Sin embargo el carbón también ha servido para ilustrar buenos consejos en forma de proverbios: “El carbón es para las brasas; la leña para el fuego; y el hombre rencilloso para provocar peleas” (Proverbios 26:21). 

 




 

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© 2006  J. Ángel Menéndez